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Se instala en San Luis una comunidad menonita

Son los primeros en la provincia. Vivirán cerca de Nueva Galia y piensan montar una planta de quesos y lácteos a largo plazo. “Venimos a buscar el futuro para nuestros hijos y nietos”, expresaron.

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Relajados en los muebles de la oficina de la inmobiliaria, con la que se contactaron para conseguir un terreno en la provincia, Abraham Wiebe y su hijo del mismo nombre, Juan Bergen Peters, Jacob Neufeld, y el matrimonio de Abraham y Anna Wall formaron un interesante contraste. Sus vestimentas, confeccionadas delicadamente por las propias mujeres, aunque simulan un cuento de Hans Christian Andersen, develan su costado de agricultores, de granjeros, que son justamente las actividades que vienen a desarrollar al suelo puntano. Forman parte de una colonia menonita que descendió desde Chihuahua, México, en busca de un territorio donde continuar con sus costumbres de más de 500 años. Son entre 30 y 50 familias a las que finalmente el destino, o Dios, los trajo hasta Nueva Galia, hasta “El Tupa”, un campo de una diez mil hectáreas a 16 kilómetros de Nueva Galia, donde comenzarán una nueva etapa de sus vidas.
Se instalarán definitivamente a principios del próximo año. Son mas cien personas que llegaran sólo con sus valijas.
“Venimos acá a buscar el futuro para nuestros hijos y nuestros nietos. Se encareció mucho el terreno en Chihuahua. Vendremos con nuestros hijos para trabajar en la agricultura, la ganadería y la industria de la leche. La idea es establecernos por largo tiempo, porque si una cosa no nos va bien, seguramente encontraremos algo mejor”, pronunció Abraham, en un español casi perfecto y un acento mexicano innegable. La mayoría de ellos lo hablan, aunque su lengua madre es el alemán bajo, de la zona de Prusia. “Nuestro idioma está muy mezclado con los demás por donde hemos pasado y de todos lados nos hemos llevado algo, algunos incluso hablan el inglés”, agregó.
El primer contacto con el país lo hicieron en noviembre de 2012. “En un sitio de internet busqué terrenos en la Argentina y había uno en La Pampa, le mandé un mail y me contestó Diego Navarro. Nos mostró varios campos y decidimos viajar para conocerlos. Con Juan fuimos los primeros que vinimos e investigamos el terreno”, detalló el hombre. Como si hubiera estado signado, eligieron un hotel céntrico que tiene nombre bíblico (similar a los que usan ellos), y desde que aterrizaron en Buenos Aires, la ruta los trajo hasta la provincia. Navarro fue el contacto con Verónica y Carolina Pernas, dueñas de la inmobiliaria local que comenzó a buscarles un lugar en la zona sur acorde a sus necesidades. “Al llegar a San Luis nos gustó porque es más avanzado que el resto del país. También podría haber sido Buena Esperanza pero viendo el destino era más cerca de Villa Mercedes, además de que el campo era ondulado y buscábamos suelo parejo para poder parcelar y cosechar”, explicó.
Son pausados para hablar y con esa misma tranquilidad llevarán adelante su proyecto, tal cual lo hicieron en tierra mexicana. “Producir leche y lácteos, ése es nuestro plan. Hacer una quesería y fábrica de lácteos para nuestro consumo y también para poder venderlos en el país. Hacemos un queso de fama especial, es duro, pero haremos también otras variedades”, indicaron. A largo plazo, piensan asentar una planta de gran tamaño como “Lacmeno”, la que aún tienen en México. “Estamos procesando 200 mil litros diarios, tenemos un queso con la forma del estado de Chihuahua y acá vamos a producir uno con la forma de San Luis. Hemos crecido el cien por ciento desde 2007 hasta ahora”, especificaron.
La fábrica cuenta con un laboratorio donde controlan la calidad de los productos, y su plantel está conformado por profesionales de la comunidad y mexicanos. De los 70 trabajadores, doce no pertenecen a los menonitas. A medida que la industria láctea sanluiseña crezca, también convocarán argentinos para trabajar con ellos. “Lo primero que vamos a necesitar es un contador para llevar nuestras cuentas y una secretaria”, dijeron.
Como son más de cien, “nos instalaremos definitivamente a principio del próximo año porque como todo, se demora. Para diciembre nos entregarán la posesión del terreno. Vamos a vender lo que tenemos allá y compraremos todo acá. Sólo vendremos con nuestras valijas con las cosas más importantes. Ya alquilé una casa en Nueva Galia para vivir mientras construimos la colonia”, señalaron. La idea es que lleguen de a poco y a medida que vayan tomando forma sus hogares y demás construcciones. Abraham ya alquiló una vivienda en Nueva Galia para dejar algunas de sus pertenencias y cabe la posibilidad de que los otros menonitas ocupen los puestos que tiene el predio para hacer lo mismo.
El pueblo tendrá además una escuela, donde estudiarán los pe queños hasta los doce años (después se dedican a las tareas agrícolas), carpintería, metalúrgica, tornería y una iglesia para asistir los domingos a misa. No está dentro de los planes ningún bar o licorería porque la venta y el consumo de alcohol están prohibidos, aunque “algunos lo traen de afuera y de vez en cuando toman un vino o una cerveza”, confesaron.
Ya existen otras dos comunidades menonitas en el país, una está en Guatraché, en La Pampa, y en Pampa de los Guanacos, en Santiago del Estero. Si bien conservan sus costumbres, no tienen ni televisión ni radio, los nuevos puntanos no son tradicionalistas del todo. “Nosotros aplicamos la tecnología. En México no se podía vivir con las tradiciones antiguas, por eso nosotros cambiamos un poco para poder sobrevivir”, aseguraron. Y es así que todos llevan en sus bolsillos celulares táctiles bastantes modernos, y Abraham maneja el internet como cualquier nativo digital.
Hospitalidad puntana
Cuando los colonos tuvieron el primer contacto con San Luis, las hermanas Pernas se comunicaron con el senador Adolfo Rodríguez Saá para contarle la novedad. El ex presidente y ex gobernador puntano fue quien consiguió que los representantes menonitas fueran recibidos por el gobernador Claudio Poggi. Fueron dos encuentros que los extranjeros guardan dentro de sus mejores recuerdos.
“No sé cómo expresarlo pero fue algo muy bueno, que nos emocionó bastante, algo histórico para nosotros. El senador nos recibió en su estancia y el Gobernador en la capital. Primero nos encontramos con Adolfo y luego con Poggi, con quien almorzamos dos veces. Él nos entregó una carta de bienvenida y en la cual afirma que respeta nuestra cultura y que podíamos continuar con ella aquí”, afirmó Jacob.
En el encuentro también estuvieron algunos de los ministros como Felipe Tomasevich y Daiana Hissa.
“Los argentinos son gente muy amable, nos ha gustado la tranquilidad que hay y pensamos que es un buen lugar para seguir con esta cultura. Esperamos servir al pueblo y que nos puedan servir también, servir para ser servidos”, asintieron con sonrisas en el rostro, los primeros en llegar.

El Diario de la República

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