Hay 123 pampeanos en lista de espera para un trasplante
En el acto ´de ayer por el Día Nacional de Órganos realizado en la Cámara de Diputados de la provincia de La Pampa, se conoció que en nuestra provincia hay 123 personas esperando por un transplante.
El dato fue aportado por la doctora Natalia Fernández -coordinadora hospitalaria del Hospital Lucio Molas, encargada de los procesos de donación de órganos- contó que “con un solo donante se pueden salvar más de diez vidas, por eso es importante mejorar el número y en el país son 7800 personas en espera por un órgano
La profesional por otro lado indicó que el problema más grave en todo el país es la falta de recurso humano, de hecho en nuestra provincia son dos las personas que lo hacen
Para finalizar la actividad, cinco personas contaron en carne propia su experiencia de vida con respecto al trasplante de órganos.
Neri Smith es un joven de 29 años, es deportista y trabajador. El 8 de junio del 2006 se enteró que sus riñones habían dejado de funcionar, como si fuera un capricho. Tuvo que viajar a Buenos Aires y se encontró, de pronto, inmerso entre sueros y sábanas blancas. No entendía nada. Los médicos tampoco. Permaneció un año entero internado en el Hospital Italiano, sin diagnóstico alguno, sin explicación. Con el tiempo, entendieron que había nacido con la vejiga más pequeña, lo que provocaba que la orina desembocara directamente en sus riñones. Desde aquel momento, hace ya 10 años, Neri transita los caminos engorrosos de la diálisis. Tres días por semana, cuatro horas por día, de las 12 del mediodía a las 4 de la tarde. Martes, jueves y sábados. Tenía 19 años cuando comenzaron las complicaciones, hoy tiene 29 y permanece en la espera más dolorosa, desde que se anotó, hace ocho años.
Sin embargo hoy, justamente en el Día Nacional de la Donación de Órganos, Neri Smith se topó con la noticia de que está primero en la lista. Un joven fue trasplantado y ahora se entusiasma con correr con la misma suerte.
A Alexis se le infla el pecho con sólo recordar su presente en el deporte: es velocista, ganó un nacional y un mundial de atletismo. Tiene 17 años y a los 13 lo trasplantaron del corazón, porque lo tenía muy grande. Por fortuna, estuvo solamente dos días en la lista de espera. Hoy, se enorgullece también, porque la madre del hijo que le donó está feliz, porque sabe que el corazón de su nene sigue latiendo.
Un día del año 2004, el hígado de Marcia se sublevó. Se le declaró incompetente: el 70% dejó de funcionarle. Pensó que la suerte estaba echada, que ya no había salida. Sin embargo, después de cinco largos días de coma farmacológico, el laberinto se resolvió. Una familia le salvó la vida a ella y a dos pacientes más.
A Juan le pegaron una cachetada desde muy temprano. Solamente 13 años tenía cuando sintió la insoportable pesadez de la mochila de la vida, que lo hacía atravesar los caminos más oscuros que hasta el momento conoció. Quiso quitarse la vida. Pero con la ayuda de su familia y sus médicos, pudieron operarlo en tiempo y forma y al poco tiempo encontró donante de córnea. Se reintegró y hoy se siente feliz. Juan, actualmente, espera que todos entiendan lo importante que es donar órganos.
Fabiana fue la única donante presente. Su cara se ilumina cuando recuerda el momento en que salvó a su prima hermana de la tragedia, y naturalmente, no puede contentar algunas lágrimas que resbalan por sus mejillas. Se emociona. “Lo realmente fabuloso es que los pacientes que están en diálisis, a partir de tener a alguien, su vida cambia de una manera que no se puede imaginar”, expresa la mujer. Y sostiene: “Su mamá había fallecido, yo cumplí el rol de mamá, nada más”. Hoy en día, Romina, la prima, está en Córdoba estudiando. Por último, ante un recinto atento, Fabiana señala: “Todo es maravilloso cuando uno puede dar vida a otro”.
Más allá de los distintos pensamientos, ideologías diversas y contrapuestas, religiones y creencias, ateísmos y agnosticismos; la donación de órganos es la única demostración empírica de que después de la muerte hay vida.