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México entierra en la trinchera su sueño de pasar a cuartos de final

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Los errores puntuales echaron abajo la obra que México había construido durante 80 minutos. Un saque de esquina mal defendido y un penalti innecesario aniquilaron el buen trabajo del Tri, quien braceó durante todo el partido pero acabó ahogado cerca de la costa. Holanda, guiada por un excepcional Robben, un dolor de muelas para la defensa mexicana y la que se ponga por delante, se aferró al Mundial con dos goles a última hora (2-1) que acabaron con el sueño mexicano.
En la primera parte México jugó con más brío que Holanda. Peralta encontraba petróleo a la espalda de la defensa holandesa. Giovani Dos Santos se plantó ante el portero, aunque algo escorado, y su tiró, que pretendía colarse entre las piernas del portero, acabó rebotando en una bota. Van Persie había pinchado algún balón en el área pero no encontraba el interruptor de la luz en medio de cinco defensas mexicanos.
Cerca del descanso, México se empeñó en meterse en problemas. El Maza Rodríguez lanzó un pase de mala manera que Héctor Moreno no pudo controlar. Este se resbaló y dejó vía libre al contraataque holandés. Dentro del área, Robben llevaba el balón cosido a la bota. Le golpearon hasta dos veces, Márquez lo derribó. Moreno se tuvo que marchar lesionado después del caótico lance. El árbitro no pitó nada.
El Mundial es propiedad de los descarados. Nadie lo es más que Giovani Dos Santos. Al comienzo de la segunda parte, el niño que se creía Ronaldinho controló un balón que caía del cielo en el último cuarto de territorio holandés. Se escoró hacia la izquierda, un movimiento que le permitió dejar atrás a Blind, que manoteó torpemente intentando estorbarlo. No lo consiguió. Gio armó la pierna y soltó un zurdazo que Cillessen vio salir tarde, le tapaba la vista Vlaar. Cuando quiso rectificar ya era demasiado tarde.
El Piojo Herrera echó a los suyos atrás. Buscó piernas para la contra dando entrada a Aquino por Dos Santos. Holanda comenzó a asediar la portería de Ochoa. El meta sin equipo realizó tres paradas de mucho mérito. San Judas Tadeo, el de las causas imposibles, parecía estar otra vez de su lado. No fue suficiente. A la salida de un córner la defensa despejó un balón que le quedó franco a Sneijder, que fusiló. Minutos más tarde Márquez pisó a Robben dentro del área. Hunteelar transformó la pena máxima. La catedral que había construido México en un partido muy competido se derrumbó cuando solo faltaba colocar la última vidriera.

El País

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